viernes, 2 de mayo de 2008

El ex que llegó del frío


Fui a un concierto con unas ganas locas de pasarlo bien, de bailar y cantar y volver a bailar. Estaba en la cola con 2 amigas catiks con cientos de personas alrededor: cien delante, en la cola para entrar, cien detrás… Y entre todos esos cientos, justo al lado, espalda con pecho, bien apretaditos, un chico levemente conocido. Un largo fin de semana, hacía ya bastantes años de eso, antes de casarme y tener hijos y divorciarme, me había liado con él. Al par de días me había enterado por otra persona de que tenía novia y ya no nos vimos más, tan sólo alguna vez, de pasada. Aquello había sido un azar, tal que ahora. Yo lo miraba y me decía, este tío me suena de algo, aún no había caído, hasta que se dio la vuelta, maniobra difícil en esas apreturas y me vio y le vi. Algo en su mirada me trajo los recuerdos, vagos.
Lo primero que me dijo fue que se había divorciado. En segundo lugar me preguntó si yo me había casado. Contigo no. Y después me prometió que me invitaría a una copa en cuanto entráramos. Lo cuarto fue la pregunta clave de la noche: ¿Por qué me dejaste? ¿Dejarle? Aún no ha pedido la copa y ¿ya me está confundiendo con su mujer? pero si para eso hubiéramos tenido que estar juntos… Después de algunas alegaciones y reproches y de decirme que yo era muy dura, ahí ya me fastidió la noche, me recordó que él había pensado mucho en mí, aquí fue cuando me hizo reir. Entonces me dijo que era rara y yo le dije que sí. ¡Entonces fue cuando se rió él! Y después, después fue cuando me escapé.
Todavía me estremezco ligeramente cuando lo recuerdo pero si el azar, el azar no lo quiera, vuelve a juntarnos, ya tengo la excusa pensada: le diré que como todo está demasiado reciente, no soy capaz de afrontar mis sentimientos y que mejor será dejarlo así por el memento.
Señor@s, no me van a creer pero añoro a mi ex, mi salmón rebelde que remontaba contra la corriente con total naturalidad. No me ha perdonado, ni lo hará ya, lo de su primo. ¿Por qué escoger a alguien sobre quien proyectar nuestros sentimientos más nobles? ¿Alguien que, a su vez, proyecta sobre nosotras sus deseos de fuga y de huída más infinitos? Sutil, inabarcable, contradictorio, serpenteante, se escabulle como una temerosa bolita de mercurio escapada de un termómetro roto. Sólo me queda recordarlo junto a la visión de una estrella fugaz. La alegría de contemplar una semilla algodonosa y perfectamente redonda danzando imprevisible en el viento. Y retomar la vida, salvaje y libre, con mi novio ufano, que pasaría perfectamente por sueco cuando su mujer anda cerca. Y seguir, como fanáticos seguidores de Einstein, practicando esta ambigua y congénita relatividad.

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